Siempre he pensado que 12 meses son demasiado tiempo como para plantearte nada a largo plazo, porque básicamente al mes de proponérmelos ya ni me acordaba. ¿De que sirve decir que vas a comer bien si en cuanto llega Marzo ni te acuerdas? ¿Para qué decir que vas a ponerte en forma o aprobarlas todas o arreglarte más si va a haber muchas bajadas y subidas a lo largo del año? Por supuesto que tengo algunos objetivos que son a largo plazo, pero de momento prefiero concentrarme en ir poquito a poco, planteándome dos meses cada vez para intentar que cada bimestre sea mejor que el anterior. Estos son los objetivos que me puse para los primeros dos meses del año:



1- Aprobar 4 asignaturas de la convocatoria de Febrero. La de Febrero siempre ha sido mi convocatoria maldita, año tras año desde que entré en la carrera, por una u otra razón, la he cagado completamente y de forma tan desastrosa que luego me las veía negras para compensar en Junio. Este año tenía 5 exámenes, pero finalmente sólo hice 4 por falta de tiempo (que no es cuestión de perder convocatorias gratuitamente). De los 4 he aprobado 3, pero con notas bastante decentes, así que estoy más feliz que una perdiz y me doy por satisfecha.

2- Perder el peso ganado en Navidades. Después de dos años sin moverme de los 54 kilos, el último trimestre del 2011 me sentó muy mal. Dejé de lado completamente cualquier tipo de alimentación equilibrada y acabé volviendo a ver el 58 en la báscula (y puedo dar gracias, porque me pegué un par de meses comiendo como una descosida a todas horas). Durante los exámenes, a base de estrés, café, té, RedBull Light y noches sin dormir volví a los 56, pero no he conseguido bajar más, porque la verdad es que no me lo he planteado demasiado seriamente y he comido fatal. En esto si estoy decepcionada conmigo misma, porque podía haber hecho muchísimo más, aunque tampoco me voy a flagelar.


3- No faltar a clases. ¿Qué voy a decir? Se está demasiado agusto en la cama y este curso he estado saltándome más horas de las que he acudido. En las dos o tres semanas que llevamos de segundo cuatrimestre tampoco es que me lo haya tomado muy en serio, pero no he faltado tantísimo como en Diciembre. Con esto estoy así así. Espero tomármelo más en serio los próximos meses.

4- Tratar de no ser tan descuidada y ahorrar electricidad. Reconozco que soy de las idiotas que salen de una habitación y dejan la luz encendida y pone la plancha a calentar media hora antes de peinarse (cuando en realidad el cacharro se calienta en segundos). Aunque de vez en cuando se me sigue olvidando estoy cogiendo la buena costumbre de apagar la luz tras de mi y no dejarme la plancha o el cargador del móvil enchufado. En esto estoy satisfecha.


5- No acostarme maquillada ni descuidar mi piel. Si ya de por si soy perezosa, no podéis ni imaginar lo que me cuesta vencer esa pereza cuando se trata de hacer algo justo antes de irme a la cama: la mayor parte de las veces acabo metiéndome entre las sábanas sin quitarme el maquillaje ni lavarme la cara. Quitando algunos días durante los exámenes en los que estaba tan cansada que pasaba de todo, lo he cumplido bastante bien, y mi piel lo nota. De hecho siempre he tenido la piel muy grasa y se me ha regulado tanto que mi crema matificante empieza a quedárseme corta en hidratación.

6- Retomar los ejercicios de flexibilidad. Dado que nunca he sido precisamente una chica atlética ni he hecho nada de ejercicio, siempre he tenido la flexibilidad de un bastón. Por ello, en verano empecé a hacer pequeños ejercicios de flexibilidad aprovechando los momentos en los que me cepillaba los dientes o hablaba por teléfono (cosas que a una se le ocurren viendo revistas japonesas, es para verme ahí con la pierna sobre el lavabo mientras me cepillo). Esto se me ha olvidado del todo. Muy mal.


7- No llevar las uñas roídas y con el esmalte descascarillado. En Diciembre me dio un ataque de pereza extrema (ya lo sé, si voy al infierno será por floja) y llevé las uñas sin pintar o con el esmalte saltado el mes entero. Como me daba mucha cosita tener las uñas así con lo que a mi me gusta cuidarlas, decidí tratar de superar la pereza y llevarlas de nuevo pintadas y cuidadas. Aunque sigo sin ganas de hacerme nada elaborado, al menos las llevo cuidadas y de colores lisos sin descascarillar. Me doy por satisfecha.

8- Hacer chocolate casero para San Valentín. En Japón es costumbre que el 14 de Febrero las chicas regalen chocolate (si es casero mucho mejor) a los chicos, y mi hermana y yo, gilipollas como somos y habiendo crecido viéndolo en anime, decidimos seguir la tradición. El año pasado lo hicimos aunque, siendo sincera, nos salió como un churro a pesar de haber hecho pruebas antes. Este año lo he hecho y ha salido genial.

En resumen: no han sido dos meses nada malos. A ver si los dos siguientes son aún mejores!


- ¿Sabes qué?
- Dime.
-Estaba hablando con JR el otro día, y me dijo que a él le gustaría... cuidarte... si yo me fuera a estudiar a Granada el curso que viene al final y a ti no te dieran la Erasmus.
- ¿Cómo? ¿Cuidarme?
- Sí, tú sabes... venir a verte, a echarte un vistazo, quedar contigo, ver que estás bien, ayudarte...
- Ah...

Aquella conversación me pilló completamente desprevenida. No me lo esperaba para nada. Si yo le caía mal a JR (uno de los mejores amigos de Erik)... ¿a qué venía eso? Aunque sí, no negaré que me conmovió.

Ya he comentado alguna que otra vez por aquí que los amigos de Erik y yo no nos llevábamos precisamente bien, aunque para hacer honor a la verdad, quizás fuera más correcto decir que no nos llevábamos, directamente: ellos hacían su vida con Erik y yo la mía, sin interactuar ni vernos pero pisándonos unos a otros inintencionadamente cada dos por tres (y claro, aunque no fuera a propósito a nadie le hacía gracia). Yo intentaba por todos los medios facilitarle las cosas lo máximo posible a Erik para que no se viera atrapado en una de esas situaciones tan desagradables en las que tu novia y tus amigos no se soportan, pero no era tan sencillo.


Para mi eran entes desconocidos, quitando a uno de ellos al que veía de vez en cuando no los conocía y me eran totalmente indiferentes. De hecho, he de reconocer que siempre estaba a la defensiva cuando se trataba de ellos, convencida de que me odiaban por ser la novia de su amigo, la que se estaba siempre con él cuando querían verlo, así que aquello de JR me sorprendió muchísimo. Sabía que no lo hacía por mi, sino por Erik, pero me pareció muy bonito que estuviera dispuesto a hacer eso por su amigo teniendo en cuenta que yo lo tenía atravesado.

Me quedé bastante confusa, y cuando unos días después llamaron a Erik un viernes para ver que iba a hacer y él estaba conmigo, le dije que se vinieran. No los conocía realmente, quitando un par de veces en las que nos habíamos visto ni siquiera habíamos hablado, y si realmente eran buenos amigos para Erik ya iba siendo hora de remediarlo.


Cuando llegaron fue bastante incómodo. Yo, igual de inútil que siempre cuando se trata de contacto humano, casi tengo un ataque de risa por los nervios y Erik por su parte se reía pero de mi. JR entonces rompió el hielo haciéndome unas preguntas sobre el bachillerato de humanidades (ya que él se ha metido a hacerlo hace poco después de unos años sin estudiar) y la cosa se calmó un poco. Empezamos a hablar todos, llegaron M y JA y pedimos al burguer, comimos viendo The Big Bang Theory... había bastante buen rollo, y me estaba alegrando bastante de haber pedido que vinieran.

Cuando terminamos de cenar se empeñaron en jugar al ocalimocho, y entre chupito y chupito de vodka (y lo que no era vodka) acabamos tirados por el suelo. Me lo estaba pasando genial, y los amigos de Erik estaban completamente colgados, por lo que empecé a entender cómo era que se llevaban tan bien. En cierto momento de la noche empecé a hablar con ellos sobre Erik y nuestras relaciones con él, y fue un alivio (y un rato de vergüenza posterior cuando me di cuenta de todo lo que había soltado) soltar todo lo que me preocupaba y aclararles lo que les molestaba a ellos.


La noche la acabé así así. En cierto momento se nos acabó el vodka y nos pusimos a beber Coronitas (o más bien empecé yo, que me acabé la mitad yo sola), y empezamos a comer doritos en pleno ciego, tirados todos por el suelo mientras veíamos vídeos de Freaky, el muñeco de nieve.




Se fueron a las tantas y la verdad es que fue una buena noche, momento "he bebido demasiado y los doritos no quieren permanecer en mi cuerpo" aparte. Como siempre que me emborracho, en pleno momento comunión con el lavabo decidí no volver a beber en bastante tiempo, y aunque a la mañana siguiente ya volvía a tener ganas de salir con mis amigas las Coronitas no las quiero ver ni en pintura de momento. No todos los días descubre una que esas personas a las que no puede ni ver son en realidad encantadoras y divertidas. Espero que no se me vuelva a olvidar el darle una oportunidad a alguien, porque a veces merece la pena.


Ya os conté anteriormente alguno de los placeres de usar transporte urbano a diario, pero la verdad es que últimamente parece que están haciendo todo lo posible para tocarme los coj*nes cada vez que me subo en un autobús. No hay vez que no me pase algo: señoras que se ponen a contar céntimos cuando el bus va tarde para pagar el ticket, idiotas escuchando música sin cascos, señores que insisten en tener una conversación con mi escote (teniendo en cuenta que estoy plana no sé porqué insisten tanto en mirarme las tetas)...

La verdad es que lo están logrando. Me pongo de mala ostia cada vez que pienso en coger el bus, porque hay cada personaje...

-No aguanto a la gente que parece que va de paseo, sin nada de prisa y no le importa nada retrasar a los demás. La paciencia no se encuentra precisamente entre mis virtudes, y como ya he dicho antes me sacan de quicio las señoras que se ponen a contar centimitos justo cuando más gente hay haciendo cola para entrar y los conductores que se ponen a charlar con alguien en vez de arrancar cuando ya hace 10 minutos que deberían haber salido cuando van con retraso. Me los cargaba a todos.


-Me da un asco tremendo la gente que apoya la cabeza sucia en los cristales y los deja pringosos y manchados. Todos tenemos un mal día y puede que no nos de tiempo a lavarnos el pelo, pero hay una diferencia entre llevar las raíces algo grasas y llevarlo que parece que te lo has lavado con aceite... pero es que encima apoyan la cosa esa en los cristales y dejan una mancha pringosa que da un montón de grima.

- ¿Por qué hay gente que se te sienta al lado cuando está el autobús vacío? Y ya no me refiero a viejos verdes o babosos, es que hay señoras o chicas que parece que si no se sientan justo a tu lado revientan.

-Y hablando de señoras... no hay nada que me joda más que las que vienen envueltas en pieles, con una capa de maquillaje de 5 centímetros de espesor, un montón de bolsas de tiendas del Corte Inglés y tacones, se suben en el urbano para bajarse dos paradas después y me miran fatal por ir sentada y no cederles el asiento. Lo siento mucho pero si yo voy a bajarme en la última parada de la línea, me he levantado a las 6 de la mañana para ir a clase y voy cargando con 5 kilos de apuntes no voy a estar 40 minutos de pie para que a ti no te duelan los pies. Por muy mal que me mires.


- Los guarros ya son cosa aparte... si vas a compartir un espacio reducido con un montón de extraños cumple ciertas normas de higiene y decoro, ¿no? Ayer se me sentó al lado en el urbano un señor que olía a pescado, pero a pescado tipo "hola, me he dado un baño con el hielo de pescadería". Asqueroso, echaba para atrás. Me aparté todo lo que pude, pero no sirvió de mucho, porque cada vez que respiraba que entraban arcadas. Lo mejor de todo fue que el segundo en que lo miré de soslayo a ver si tenía pinta de ir a bajarse pronto o darme el viajecito entero se estaba sacando un moco. No poté de milagro.

- Si tienes demasiado sobrepeso... intenta sentarte solo. Sé que no todo el mundo puede estar echo una sílfide, pero es muy incómodo cuando una señora que roza los 150 kilos se te sienta al lado y no sólo coge su asiento, si no la mitad del tuyo y te pasas el viaje aplastada contra el cristal. Hay personas que lo saben e intentan no molestar, pero también hay más de un capullo/a que parece que le ofende que te moleste que cojas su asiento y se pasan el rato moviendo el culo. A esos los coso a codazos cada vez que me muevo.


- Si no tienes cascos, no escuches música. Yo no tengo porqué pasarme 45 minutos escuchando el disco de Adele porque a ti te de la gana. ¿Te gustaría a ti tragarte mi música sin querer? Ya tenemos todos bastante con ir escuchando la emisora de radio que decida poner el conductor (que todos parecen adorar Radio Olé). Cualquier día me quedaré sorda, porque el volumen al que tengo que poner el ipod para callar la música ajena y a las viejas escandalosas no es ni normal.

-Y hablando de viejas escandalosas, lo siento mucho pero si estás con los sofocones de la menopausia, te jodes. No tengo yo que ir con el aire helado dándome en la cara porque "ajhquí jhace musho caló, ¿no lo notái? Viabrí la ventana".


- Si ya es de por sí incómodo encontrarte con algún "conocido", que se te sienten al lado y aguantar 45 minutos de preguntas insustanciales y silencios incómodos (cuando no intentan cotillear sobre excompañeras de clase o sacarte detalles íntimos sobre tu vida), es aún peor cuando te empieza a hablar algún desconocido y se empeña en tener una conversación contigo. Hace unos meses un chico se sentó a mi lado, y aunque no le di importancia ya que el bus venía bastante lleno, a los 10 minutos empezó a darme toquecitos en el brazo. Intenté ignorarlo y ya por última me quité los cascos para ver qué quería.

- Qué.
- ¿Qué escuchas?
- ¿Cómo?
- Que qué escuchas.

Me quedé absolutamente flipada ya que:
a) Mis cascos son muy buenos y no se escuchan si no los llevas puestos, no molestan al de al lado, por lo que no podía estar escuchando nada y haber sentido curiosidad.
b) El chaval me sonreía como si fuéramos amigos de toda la vida.
c) ¿A ése que coño le importaba?



- Kara. Es un grupo coreano
- Ohh, ¿te gusta la música coreana? ¿Eres friki?

En este punto me encogí de hombros, le sonreí dando por terminada la conversación y me intenté volver a poner los cascos.

- ¿Entonces también te gusta la japonesa?
- Algún grupo (me puse los cascos y empecé a encender el ipod de nuevo).
- Yo es que casi siempre escucho música americana. ¿Qué estudias?
- Filología Inglesa.
- Ahh, ¿hablas inglés entonces?
- Más o menos.
- Yo estoy aprendiendo.

Puse mi música y procedí a ignorarlo. No sé si quería ligar, hacer amigos o es que se aburría, pero se equivocaba de persona. No quise ser borde con él porque el pobre tampoco me había hecho nada, pero yo no tenía interés en aquella conversación. Sin embargo el chico cometió un error. Me agarró el brazo para que le prestara atención. Si no lo hubiera hecho tampoco es que hubiéramos acabado siendo amigos, pero quizás le habría sonreído de forma incómoda (y agachado la cabeza para no tener que hablarle) las próximas veces que lo viera. Pero odio que los desconocidos se tomen esas confianzas conmigo. Le lancé una mirada asesina.


- ¿Y escuchas música en inglés?
- No.
- Am...

Le solté el "no" más seco y borde que pude, me planté los cascos de nuevo muy aparatosamente y aunque me volvió a dar unos cuantos toquecitos en el hombro al rato (que ignoré olímpicamente), al menos no me volvió a coger el brazo. Y seguí escuchando música tan tranquila, aunque el cabreo me duró todavía un buen rato. Odio coger autobuses. Odio a la gente.

Previamente...
Crónicas Autobuseras I
Crónicas Autobuseras II

Después de un fin de semana absolutamente maravilloso que ya contaré más adelante, esta semana pintaba genial. Era San Valentín, iba a quedar por fin con una amiga a la que no veía desde hace tiempo y encima íbamos a salir para celebrar el cumpleaños de Serena... pero como yo tengo la suerte en el culo se me torció todo. Absolutamente todo, sin exagerar. Ha sido una de las peores semanas de los últimos meses, de ahí que no haya blogueado absolutamente nada.

LUNES:
Como los lunes sólo tengo una hora de clase este cuatrimestre, básicamente me la salto a la torera y no voy. Era el día del examen de japonés, del que directamente prefiero ni hablar. Además la amiga con la que había quedado para el martes me informó de que estaba enferma y no iba a poder quedar. Me hice unas cuantas fotos en el bus porque me gustaba lo brillante que me había quedado la mecha azul esta vez.


MARTES:
Aún algo deprimida por lo del día anterior me dediqué a hacer los bombones de San Valentín con mi hermana. Decidimos hacer una receta supersencilla y que les gustaría a nuestros novios seguro: bombones de oreo. Tuvimos que salir corriendo a por cajitas para ponerlos (no nos gustaba ninguna y acabamos quedándonos con éstas porque eran las más adecuadas por su tamaño), a por un ingrediente que nos faltaba... Aunque al final quedaron bastante decentes y tan ricos que no sobró ninguno.



Estuve toda la tarde con Erik viendo series, y él decidió pasar el día conmigo aunque nosotros nunca celebremos San Valentín. Lo malo fue que vino un amigo suyo y su hermana y aunque fue divertido se acabaron yendo a las tantas después de una conversación que no me interesaba nada y que me aburrió lo más grande.


MIÉRCOLES:
Fui a clase a primera hora porque pensaba que había Literatura (aún no me sé bien el horario del nuevo cuatrimestre) pero en realidad había Morfología. Como no voy nunca a esa clase las chicas no me informaron de que no había y estuve una hora pasando frío en los pasillos de la facultad. Sin embargo mereció completamente la pena cuando me acerqué a ver las notas del examen que me quedaba por mirar y vi que tenía un flamante 7`25.


Cutre edición con el Paint para no ir enseñando los apellidos de mis compañeros.
Podría haberlo difuminado un poco con Photoshop y
quedaba mejor, lo sé... pero qué pereza abrir el
Photoshop ahora... -.-

Me puse a llorar de la alegría allí en medio, y estuve bastante contenta el resto del día. Además Robin me dio un regalito por San Valentín atrasado.


Al llegar a casa mis padres empezaron a darme la charla anual sobre cómo no hago ni el huevo, con que tengo que trabajar porque ellos no me van a pagar la matrícula de la universidad y con que soy una floja que no hace nada en todo el día. Estuve deprimida y planteándome abandonar la carrera el resto del día, yo no puedo sorportar esto cada put* año.

JUEVES:
Fui a clase sólo y exclusivamente porque le teníamos preparada una sorpresita a Serena por su cumple y hacía falta que estuviera. Llegué temprano a la facultad e hice tiempo viendo una exposición bastante interesante sobre libros del siglo XV al XVIII que tenían montada en la entrada.


A Serena le hicimos una gymkana en la que tenía que ir recorriendo la facultad para ir encontrándonos en diferentes lugares donde la esperábamos con otra pista para que cuando llegara al final darle los regalos, y fue todo bastante divertido.

Foto mangada del twitter de la susodicha

Se supone que esa noche salíamos y aunque no me apetecía absolutamente nada me acabé animando y al volver a casa ya tenía muchas ganas de ir... pero justo cuando me estaba probando un vestido para ver si me lo ponía, me llamaron por teléfono. El día anterior había hecho mi visita semanal a infojobs y me había inscrito en una oferta de trabajo para la que me habían seleccionado. Tenía la entrevista la mañana siguiente. Ya no podía salir.

VIERNES:
Estaba deprimida y enfadada, tenía muy claro que no me iban a seleccionar dado que pedían personas "dinámicas y extrovertidas", cosa que claramente no soy pero que con la nube negra que llevaba sobre la cabeza me iba a ser muy difícil fingir. Encima me había perdido la fiesta de la noche anterior, iba a perder un día de clase y me tenía que encajar en la otra punta de Sevilla. Por suerte mi madre iba a una zona cercana a recoger varias piezas de motos y me llevó en coche.


Yo me quité el piercing del labio, me peiné de forma que no se viera demasiado mi mecha azul y me puse mi disfraz de adulta, lo más normal que tengo en mi armario. Hice una entrevista con un chico de los que te hacen darte cuenta de lo que significa estar "lleno de vida" y me fui asqueada, ya que en aquella empresa iban todos trajeados y el chico había mencionado un par de veces que buscaban a alguien con "buena imagen", cosa que no me incluía de seguro. Tenía que llamar por teléfono a un número a partir de las 12, pero ni siquiera me molesté, sabía lo que había. Al volver a casa Erik me preguntó que qué tal, y dado que aún faltaban 15 minutos para las 2, llamé y sorprendentemente había pasado a la segunda entrevista. El resto de la noche fue bien y Erik me animó bastante. Le llevé una bolsita de gomitas ácidas otra vez.

Nya os vigila!

SÁBADO:
Como no puedo tener un día medio bueno sin tener después uno desastroso, mi sábado fue una mierda. Me medio peleé con Erik por una gilipollez y m pegué el día tirada en la cama viendo series con Nya como única compañía mientras al señorito se la pasaba el mosqueo.



DOMINGO:
Un poco más de lo mismo. Lo único interesante que hice fue medio ordenar el armario, recoger mi cuarto que daba vergüenza ajena y preparar falafels.

A ver si la semana que entra no es tan puñeteramente jodida.


Ahora mismo necesito algo desesperadamente para seguir viviendo, más que el aire que respiro, y más que cualquier cosa que se os ocurra: que este frío de los coj*nes se vaya de una put*a vez. O eso, o no me sacan de la cama hasta Marzo. Porque yo no lo soporto más.

Soy consciente de que por el norte (ya no sólo de España sino de Europa) puede que me lean quejándome de vivir a un gradito y piensen que soy una nenaza. "¡Aquí estamos a -15º y tan normal! Nosotros a 0º vamos en calzonas por la calle!", pero la verdad es que por el sur no estamos nada acostumbrados a estas temperaturas. Unos cuantos días a -2º se viven todos los inviernos, pero no es nada normal que llevemos ya varias semanas así. Yo puedo aguantar todo un verano a 42º, pero no me pidáis que soporte temperaturas bajo 0. No puedo. O mejor dicho: podría, pero si encimas combinas el frío con el viento espantoso que sopla, no tengo cojones de salir de casa.


Mi vida perece estar básicamente en stand-by desde que empezó esta ola de frío, porque no estoy de humor para hacer nada. No quiero salir a la calle, entrar o salir de la ducha, cambiarme de ropa o desvestirme, e incluso bajar a la tienda de la esquina o el trayecto a casa de Erik (menos de 5 minutos andando), se me hace desagradable. No hablemos ya de ir a la facultad: pasar por toda mi calle (larga de coj*nes) con un viento de frente horrible hasta salir a la carretera, aguantar el frío y el viento cortándome la cara los 10 ó 15 minutos que tarda el bus en venir, bajar del bus calentito para atravesar dos avenidas hasta llegar a mi facultad y entrar en el edificio, precioso y antiguo pero enorme y abierto, con lo que siempre hace un frío del copón dentro.

En casa no me apetece hacer nada y me pego el día metida en la cama (la forma más sencilla de estar calentita), porque no me gusta demasiado poner la estufa, que carga el aire de la habitación, es un gasto tonto y sólo calienta cuando estás tan cerca que te quemas las piernas. Ahora, me dan ganas de llorar si tengo que dejar mi cuarto calentito para ir al baño o a la cocina, aunque lo único que me apetezca sea comer y se me esté quedando el culo plano de estar sentada. Necesito que suban un poquito las temperaturas, tener ganas de moverme, de hacer cosas... ¡de vestirme!



Últimamente parezco una indigente, porque mi inspiración y ganas de arreglarme están al mismo nivel que las temperaturas: bajo cero. Oye, hay chicas que van monísimas de la muerte a -20º, pero yo no sé como hacerlo y siempre acabo con la chupa de cuero (bendito el día que la compré, porque tiene como un forro polar), vaqueros y medias debajo. Y la misma sudadera.

En lo único en lo que sigo poniendo un mínimo de esfuerzo es en mi pelo y en mi maquillaje (lo cual, viniendo de una persona que se ha planteado seriamente comprarse pañales de adulto para no salir de la cama por las noches y no pasar frío, dice mucho). He vuelto a teñir la mecha de azul, pero próximamente quiero probar otros colores, que ya me aburro( ¿morado? ¿verde?) y sigo levantándome 15 minutos antes para maquillarme un poco, pero incluso en estas cosas invierto menos esfuerzo y tiro de gorritos y delineados con un poquejo de sombra para conseguir unos minutos más de sueño entre mis sábanas de pelitos.


Soy incapaz de levantarme a mi hora la mayoría de las mañanas, y si yo de por si soy mucho de quedarme dormida, últimamente estoy batiendo todos mis récords. Y ya de hacerlo ni hablemos, porque mis manos y mis pies son dos cubitos de hielo por muy alta que esté la calefacción y me da toda la pena del mundo meterle mano a Erik o corresponder sus caricias cuando por mucho que me diga que no le importa noto cómo se encoge en cuanto le rozo con una de mis manos de la muerte. Nunca pensé que lo diría porque me encanta el invierno, pero... ¡llega pronto, primavera!

PD: Sí, soy como el resto de petardos que se quejan del frío en invierno y del calor en verano. ¡¡Soy humana!! xD


Hace un par de días, andando por la calle camino de la facultad pasó frente a mi una chica con el pelo naranja, largo y muy rizado que me recordó algo que me pasó hace tiempo y nunca había contado por aquí, una de esas cosas que me hacen cabrearme hasta niveles poco saludables y querer arrancar cabezas. Esta es la historia de M y de cómo pasé de avergonzarme cada vez que me miraban por la calle a pasar de lo que opinara de mi el resto del mundo.

Erik siempre ha sido un chico llamativo. Para mi es el tío más buenorro y guapo del mundo (de verdad, no creo que haya conocido a nadie más guapo), pero objetivamente aunque no sea Brad Pitt es un chico atractivo con un encanto especial que a hecho que unas cuantas nos enchocháramos en su momento. Éso lo he sabido desde el día que lo conocí, y aunque sobretodo en el instituto fue una píldora difícil de tragar (aunque sean niñatillas de 13 años no es muy divertido que revoloteen alrededor de tu novio), en cierto momento la situación se calmó un poco y yo aprendí a llevarlo con filosofía.


Él acababa de empezar el bachillerato al poco de empezar conmigo (había repetido) en un pueblo cercano, y a pesar de que unos meses atrás me hubieran entrado todas las paranoias del mundo sobre las posibles chicas que pudiera conocer, ya había tenido un par de niñas enamoradas con las que lidiar y había acabado por no preocuparme. De hecho, unas chicas de su clase me agregaron a tuenti y a pesar de que sabía que era sólo por cotillear (probablemente porque él no estaba en ningún tipo de red social pero les parecía guapo y querían ver a su novia), las acepté.

La cosa es que Erik se empezó a relacionar con un chico de su clase, se hicieron amigos y empezó a salir de vez en cuando con él. Dentro del grupo estaba el ex de M, una chica de su clase, precisamente una de las que me había agregado, y le contó ciertas cosas que él en un ataque de sinceridad me acabó contando.


La chica en cuestión le había contado a su ex (cuando todavía eran novios) y a todas sus amigas que un chico de su clase (Erik) le tiraba los tejos descaradamente. Cosa normal, según ella, ya que su novia (o sea, yo) era un orco.

Mi furia en aquellos momentos sobrepasó todo lo escrito (ya no porque me hubiera llamado fea, sino porque se había atrevido a decir por ahí que mi novio le iba detrás). Si hubiera tenido a M delante le hubiera reventado la cara, a pesar de que yo nunca me he peleado con nadie. De hecho (recordad que yo tenía los 18 recién cumplidicos y yo también estaba en mi etapa más idiota) mi primer instinto fue mandarle un privado por tuenti llamándola de todo, pero por suerte me calmé antes de hacer alguna idiotez infantil impulsada por mi orgullo.

Las cosas como son: aquella chica era fea. Yo no seré muy guapa, vale (y por aquél entonces tampoco es que estuviera muy bien), pero si yo era un orco ella era un Uruk-hai. Pelo naranja (teñido y no de un color bonito) muy muy rizado y seco, ojos de un color bonito (pero chica, tener los ojos verdes no te hace guapa) pero pequeños y mal pintados con lápiz negro, piel pálida llena de manchitas rojas, cara de caballo alargada... Vamos, que tampoco es que ella fuera una Megan Fox como para tener la cara de decirme fea a mi.


Y... ¿que Erik te ha tirado los trastos? ¿Cuándo? ¿En la clase delante de todo el mundo? Porque no os habéis visto fuera del aula, bonita. Además, él no es el tipo de tío que tira los trastos, más bien se queda pillado cuando se los tiran a él, se pone nervioso y se hace el chulo. Para lo pervertido que llega a ser cuando coge confianzas, es un tanto inocentón cuando se trata de ligar.

Yo tenía razones para estar cabreada: me llaman fea y hacen correr el rumor de que mi novio le tiraba los tejos a otra. Sin embargo a mi lo que más me cabreaba era haber sido tan gilipollas como para haber aceptado su solicitud de amistad. Es que me la veía enseñándole mi tuenti a sus amigas (si, soy una egocéntrica, ¿qué pasa?) diciéndoles "¿Veis? Es que con una cosa así por novia..." para que las amigas le dieran la razón y le dijeran "Pues si, es que está muy claro que te va detrás".


Estaba muy dolida y todo el cabreo que llevaba encima me pedía a gritos que buscara una salida dolorosa y me vengara de la pequeña zorra ésa, pero, a día de hoy todavía no sé porqué, me calmé.

Yo, con todos mis complejos y siendo un supuesto orco, era la que tenía al lado a Erik. Era a mi a la que besaba y metía mano, a la que me cogía por la cintura cuando íbamos por la calle y a la que abrazaba cuando dormía. ¿De verdad iba a montar follón por lo que había dicho alguien que no me importaba una mierda a un grupo de gente que me importaba aún menos y por algo que en unos años me iba a parecer una tontería? Aunque a día de hoy me sigue cabreando recordar a la gilipollas ésta, aquél súbito ataque de madurez me salvó de crear un problema gordo y me hizo plantearme muchas cosas.

Como persona muy insegura, siempre me ha importado mucho la opinión de los demás. He sido (y a día de hoy me sigue pasando a veces) de las que al cruzarse con un grupo de gente y oírlos reír, asumía automáticamente que se reían de mi. Mantener un perfil bajo, hacer que no me notara mucha gente, era perfecto, incluso al andar me encorvaba un poco para no destacar al ser más alta que muchas de mis amigas.

De repente me encontraba en el punto de mira, aunque fuera involuntariamente y de la peor forma posible: chicas que me odiaban porque estaba saliendo con el "hombre de sus sueños" o simplemente porque era la novia de ese tío tan majo que como es amigo nuestro y es guapo, queremos que su novia esté a su altura. ¿Cómo olvidar aquel épico momento en el que un antiguo compañero mío de clase (de ésa horrible horrible época que es la adolescencia) y amigo de Erik, después de no verme en años (teniendo en cuenta el cambiazo para bien que dí) le preguntó "¿Con éso estás saliendo?
Como para no tener el autoestima baja.


Me cabreé. Conmigo misma, por ser tan insegura que lo que dijera un grupo de personas que me la traía al pairo me deprimiera. Con el mundo, por empeñarse en fijarse en mi cuando yo sólo quería pasar desapercibida. Si seguía así lo único que iba a conseguir era vivir continuamente enfadada o deprimida, pendiente siempre de la opinión de los demás. Y era muy cansado.

Poquito a poco, recordándome cada vez que no debían importarme los rumores o los insultos porque no me importaba la gente que los hacía correr ni los que ponían la oreja para oírlos, fui dejando de lado no mi tendencia a la baja autoestima pero sí mi dependencia a la aprobación externa, hasta que llegué al punto en el que no la necesité.
La mayor parte de las veces la gente que emite un juicio sobre alguien no lo conoce en realidad, nunca a visto nada igual, no coincide con sus gustos y piensa que esa es una razón válida para criticarlo, o trata de subir su propio ego minando el de los demás.


¿De verdad cree alguien que me va a afectar que una kinki con moño y vestida de leopardo me señale y le diga a la amiga con poco disimulo "pff, vaya pelos" cuando me ve la mecha azul?
¿Me tengo que enfadar porque un pijo me vea cuando salgo de fiesta con mis amigas y diga "mira, Tokio Hotel", cuando no tengo ningún parecido con nadie de un grupo que por otra parte el tío seguramente ni haya escuchado en la vida pero identifique como "gótico"? ¿Que mundo a visto ese tío para cuando ve a una chica con un par de piercings faciales y una mecha de color piense que se parece al de Tokio Hotel o tiene alguna clase de parecido con él? ¿Debo ofenderme por un cazurro que no ve más allá de su mundo y que clasifica todo lo que ve raro como "gótico"?

A estas alturas me la suda todo lo que opine de mi todo aquél que no me importe un poquito, gente que me importe hay poquita, y la mayor parte de las veces su opinión tampoco me afecta porque prefiero guiarme por la mía propia. Y vivo bastante feliz, oye.


Por lo general no soy una persona que se avergüence de sus gustos y suelo ir bastante de frente con ellos por muy extraños que puedan resultar. Me da igual que mis amigas consideren que David Tennant no es precisamente sexy, para mi él es EL HOMBRE SEXY, me importa un comino que la gente piense que no tengo gusto musical porque mi grupo favorito sea 2NE1 y me encante el pop coreano: si algo me gusta, me gusta. Y a la mierda lo que piensen los demás.

Sin embargo hay ciertas cosillas que si bien no me avergüenzan propiamente dicho, tampoco es que vaya proclamando a los 4 vientos mi amor por ellas, por alguna u otra razón. Algunos de msis placeres culpables o "guilty pleasures" confesables son:


- Los libros erótico-festivos de Highlanders.

O erótico-festivos sin más, para qué mentir. Mi amiga Mei me dejó hace unos años un libro titulado "Enamorada", de una autora que yo desconocía, Virginia Henley. Con su título de novela romántica mala y su portada aún más mala (típica de una mujer semidesnuda en brazos de un cachas sin camisa con demasiado pelo), a mis 16 años y con toda mi inexperiencia sexual, me fascinó. La historia, el protagonista... Estaba acostumbrada a los libros de fantasía e infantiles, y era la primera vez que tenía en mis manos una historia romántica con tanto contenido sexual (hablando en plata se pasaban el rato f*llando).

Probablemente "Un año y un día" es mi título
favorito de Henley.

Años después de pura casualidad me crucé con el nombre de la autora por internet y me conseguí todos sus libros. Y me encantan, aunque la gente se piense que las únicas que los leen son cincuentonas gordas y solteras y me miren fatal por hacerlo, a mi me encantan. A pesar de que mis favoritos son los que tienen lugar en Escocia o Irlanda, en castillos y épocas pasadas, he de reconocer que si la historia es buena, me puedo enganchar a cualquier saga, como la de Los Señores del Inframundo: hombres inmortales con demonios dentro, que luchan con dioses y criaturas fantásticas en un mundo contemporáneo. Y cómo no, se pasan el día cogiéndose a lo primero que pillen.

-Love Light.
En general en cuanto a música no tengo demasiado problema, pero a veces me da algo de cosa que la gente sepa que puedo llegar a ser tan tremendamente moñas y que se me cae la baba lo más grande con ciertas canciones de CN Blue.




- Stalkear los tumblrs y blogs de ciertas chicas desde las sombras.

Todos tenemos una curiosidad natural por la vida de otras personas (no me quiero ni imaginar las personas que leerán lo que escribo sin yo si quiera sospecharlo, cuando a día de hoy ya me han dado algún que otro susto), y yo no iba a ser menos... aunque con ciertos peros. Soy quizás demasiado curiosa y he de admitir que me encanta seguirle la pista a gente que se supone que ni me viene ni me va a estas alturas, a gente que estuvieron brevemente en mi vida pero se quedaron atrás. No me siento orgullosa de ello pero lo hago. Y lo disfruto, que es lo peor.

- Zac Efron.
Tengo 22 y odio que me guste un ídolo de adolescentes, pero no lo puedo evitar. A decir verdad el actor en si me caía como el culo al principio, me parece un tío bastante pedante y que se lo tenía bastante creído cuando ni siquiera era guapo, pero el día que vi "17 Again" perdí el norte. Es una de mis películas favoritas y cada vez que lo veo ahí con su pelo horrendo a lo Bieber por alguna razón que no entiendo se me caen las bragas.

Vale, quizás sí que entiendo por qué me gusta...


- Los bocadillos de patatas fritas con ketchup y mayonesa.
Desde pequeña mi madre nos hacía perritos calientes con patatas paja dentro, y en algún momento empecé a hacerme los perritos sin la salchicha (qué mal suenan la palabra paja y la palabra salchicha en la misma frase, por Dió), sólo con las patatas, el ketchup y la mayonesa. Soy consciente de que es una guarrada y es la cosa más insana que me puedo llevar a la boca (¿¿pero por qué me está sonando todo tan mal y porno??), que es una bomba de grasa, pero los adoro con todas mis fuerzas. Llevo sin comerme uno (de verdad, ¿¿tengo la mente sucia o es que suena todo realmente sexual hoy??) siglos, pero porque como empiece, no paro.
Cosa mala. Porque ahora se me ha antojado.
Mierda.

Datos personales

Mi foto
Soy humana, soy extraterrestre.

Seguidores

Visítame en:

Pasando un buen rato

Chicas con estilo

Blog Archive

Don't stop the party

50

Entradas populares

Mis ídolas: The Veronicas!

Mis ídolas: The Veronicas!

Series que veo

Altamente recomendadas!

Misfits!

Misfits!

The Vampire Diaries

11624_los-hermanos-salvatore 1256495260157_f

Gossip Girl

1460248h0g3w4s9l2

The Big Bang Theory

00038ef2 3463kic dheti.jpg